Casos reales de Coaching II

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Tomada de 123RF

Siguiendo con los casos de Coaching, los cuales han dejado huellas en mi propia vida, por lo que estoy agradecido de la oportunidad de “haber tocado las vidas de estos seres humanos”, les traeré en esta oportunidad otro interesante caso.

Antes de seguir, recomiendo al lector releer el artículo previo: “Casos de Coaching I”.

Caso 2: Hombre de 43 años. Casado, con dos hijos, y ocupando una buena posición en el área administrativa de una gran empresa. Aunque su desarrollo profesional le permitía reconocerse varios logros, tenía la sensación de que podría estar mejor. Su quiebre estaba relacionado con que regularmente se sentía abrumado por la presión laboral, y no entendía por qué le costaba tanto gestionar las innumerables exigencias que recibía.

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Luego de hacerle algunas preguntas para indagar sobre cómo se desarrollaban sus actividades profesionales pude escucharle que, a pesar de haber recibido talleres de administración del tiempo, se le hacía muy difícil gestionar satisfactoriamente sus múltiples actividades. También descartó que su dificultad para manejar satisfactoriamente el tiempo pudiera estar relacionada con falta de apoyo o de no saber delegar.

Al preguntarle ¿qué pensamientos te llegan si te dicen que te van a asignar tres tareas igualmente urgentes que debes hacer tu mismo?, su repuesta fue “algo va a salir mal”. Entonces le pregunté ¿alguna vez te ha salido mal algún trabajo en condiciones similares?, y su respuesta, casi inmediata, fue “NO”, pero añadió “de niño mi papá me regañaba si, en temporada escolar, me comprometía con más de una actividad deportiva, y peor aún si quería ir de excursión a la montaña con un grupo de senderismo al cual pertenecía”.

Le pregunté, entonces, ¿qué te diría tu papá hoy si supiera que tienes que entregar tres proyectos igualmente importantes para una fecha cercana? Y su respuesta fue “seguramente me animaría y me diría que estaba seguro de que yo podía lograr hacerlo bien, porque siempre lo había hecho”. Casi de inmediato su cuerpo se relajó y su expresión facial fue de serenidad. Fue como si hubiera obtenido el permiso de su papá para realizar varias tareas simultáneamente.

Entonces le pregunté ¿quién eres tú en este momento frente a tus retos laborales? Y sin titubear, me dijo un profesional competente y de primera línea, dispuesto a enfrentar cualquier reto.

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Seguidamente le pregunté ¿qué harás de ahora en adelante cuando tengas que enfrentar múltiples tareas? Me respondió: “luego de asegurarme cuál(es) debo hacer yo y cuál(es) puedo delegar, así como de definir el orden según las prioridades, le voy a ofrendar mi trabajo a mi papá para sentirme orgulloso de que sus enseñanzas fueron para bien, aunque en ese momento no pudiera entenderlo”. Me dijo que se sentía muy bien y como si se hubiera liberado de una prohibición.

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